Luis Estévez: Diseñador de las Celebridades

Por Gladys Rodríguez-Dod
Exclusivamente para Rex Fabrics
Fine Fabrics from Around the World

Audaz, individualista, con un charme muy especial, Luis Estévez es uno de los diseñadores hispanos de mayor éxito en Estados Unidos.

Nacido en La Habana en 1928 en una familia acomodada, creció en un ambiente refinado y de gran clase. Hijo de Luis “Buffalo” Estévez y Gloria Cortiñas Benítez de Gálvez, también desciende de la familia española De Gálvez por quien la ciudad de Galveston, Texas se llamó.

Estudiaba arquitectura, su gran pasión, cuando sus padres se divorcian, mudándose su madre a New York, a la que comenzó a visitar en los veranos. Entonces conoce a Henry Callahan, experto en exhibiciones de Lord & Taylor, y al describirle una fiesta a la que había asistido en Cuba ―la primera gran fiesta que dio la condesa de Revilla Camargo después de la guerra para celebrar el matrimonio de los duques de Montoro, cuando llegaron a Cuba de su luna de miel―, a Callahan le sorprendió que él pudiera hablarle de la ropa de Balenciaga y Bernabeu ―este último uno de los grandes modistas cubanos― con tanto detalle y le ofreció trabajo. Lo nombraron decorador asistente de las vidrieras de la tienda y allí “sintió” la ropa por vez primera… verla en los maniquíes, ponerles accesorios… acariciarla…

Después de ver unas vidrieras que él había hecho, la Presidenta de la tienda, Dorothy Shaver lo animó a estudiar moda, y se matriculó en la Traphagen School of Design.

Después se fue a Paris, porque era la cuna de la Alta Costura, y allí se encontró de nuevo con la condesa de Revilla Camargo, quien lo ayudó a conseguir un puesto en la maison Jean Patou. No le pagaban porque no tenía papeles franceses, pero aprendió todo lo posible, y se mantenía con los $500.00 que le mandaban de su casa cada mes.

Un año y medio más tarde regresa a New York, comenzando a trabajar para una casa de modas, ahorrando todo lo posible para abrir su negocio.

Su primera colección fue en 1955 y Diana Vreeland entonces escribió: “Es un nombre para tener en mente”. Ese mismo invierno recibió su primer premio: el Burdines Sunshine Award. El próximo año ganó el codiciado Coty Award, siendo el más joven diseñador en recibirlo. También fue ganador tres veces del Chicago Gold Coast Award.

Su ropa, por sus experiencias en París, y observando a la sociedad cubana, tuvo la fundación de poseer técnicas de la Alta Costura, pero menos complicada y fácil de fabricar en Estados Unidos. Desde el principio es un éxito total.

Pero también su magnetismo y personalidad fueron factores importantes en permitirle conocer y codearse con las grandes celebridades del mundo, y convertirse en amigo de todas ellas. Vistió desde Norma Shearer a Vivian Leigh, Lana Turner, Cyd Charisse y Natalie Wood, sin olvidar a su gran amiga Merle Oberon, que él considera la mujer más bella que ha conocido. Su primer encuentro fue en Cuba en el Baile Rojo del Country Club, ya que ella fue invitada por el magnate del azúcar Julio Lobo; pero se vuelven a ver en una première y él se lo recuerda. Tres años después Merle, casada con el multimillonario Bruno Pagliai, fabrica su casa de Acapulco, muy cerca de la de él.

Su opinión del buen vestir es simple: “Alguien elegante es elegante siempre… ¡hasta al bañarse!” Su ropa es justamente esto: de gran elegancia, favorecedora y, sobretodo, juvenil, pero siempre con gran clase.

Por muchos años estuvo casado con la modelo Betty Dew, quien pertenecía a una familia prominente americana, y llevaron una vida social muy intensa. Era común verlos en El Morocco. En 1986 se divorciaron, pero siempre quedando amigos.

Desde 1968 vive en California, primero en Los Angeles y ahora en Montecino. Quien fuera diseñador de Betty Ford en sus tiempos en la Casa Blanca y, más tarde, también favorito de Nancy Reagan, y quien fue escogido para vestir a Lynda Bird Johnson para su salida con George Hamilton en 1964 para asistir a la entrega de los premios Oscar, hoy vive dedicado a proyectos especiales que le interesen. Su legado es que sus creaciones han sobrepasado el paso del tiempo, y hoy como ayer son de un chic muy especial… que combinan la verdadera Alta Costura con un estilo que impusieron primeramente las damas de sociedad cubanas.

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